Llego a la fiesta. Un salón lleno de personas desconocidas, voces lejanas y confusas, oigo una risa. Su risa. La risa que he añorado, la que he buscado, de ella, que ha sido mi sueño de mil noches. Nerea. Nerea. Nerea…
Nerea está sentada en un sofá en medio del salón. Es el centro de atención, cuenta algo y se ríe, y todos se ríen. Mientras yo, solo, me quedo en silencio. Ese es el momento que tanto he esperado. ¿Cuántas veces en Nueva York, hurgando en los recuerdos, apartando momentos dolorosos, peñascos de desilusión, he llegado allí, al fondo, hasta encontrar esa sonrisa? Y ahora está aquí, frente a mí. Y la comparto con otras personas. Todo lo que era mío, sólo mío. Repentinamente me veo corriendo a través de un laberinto hecho de momentos: nuestro primer encuentro, el primer beso, la primera vez… La explosión enloquecida de mi amor por ti. En un instante recuerdo todo lo que no he podido decirte, todo lo que hubiera querido que supieras, la belleza de mi amor. Eso es lo que hubiera querido mostrarte. Yo, simple cortesano admitido en tu corte, arrodillado delante de tu simple sonrisa, frente a la grandeza de tu reino, hubiera querido mostrarte el mío. Sobre una bandeja de plata, abriendo los brazos en una referencia infinita, mostrándote mi regalo, lo que sentía por ti: un amor sin límites. No pude decirte nada que tuvieras ganas de escuchar ¿y ahora? ¿Qué podría decirle ahora a esa chica que está sentada en el sofá? Te miro y ya no estás. ¿Dónde te has metido? ¿Dónde está esa sonrisa que me convertía en naufrago de certezas, pero tan seguro de felicidad? Querría escapar pero no hay tiempo, ya no hay tiempo. Aquí estas. Nerea se vuelve lentamente hacia mí.
- ¡Unax! No me lo puedo creer…Que sorpresa…
Se levanta y viene a mi encuentro. Me abraza. Me aprieta fuerte y me besa dulcemente en la mejilla. Después se separa, me mira a los ojos y sonríe.
- Qué contenta estoy de verte… ¿Pero qué haces aquí?
Quiero hablar pero no me da tiempo. Habla y ríe. Parece saberlo todo de mí. Sabe donde he estado, qué he hecho en Nueva york.
-Volviste a casa a principios de junio y ni siquiera me felicitaste por mi cumpleaños. No te acordaste ¿eh? Bueno te perdono…
Y sigue así, riendo. El tres de junio era su cumpleaños, y ese día yo me acordé perfectamente, como siempre. Como todos los años, también en Nueva York, como todo lo que tenía que ver con ella, lo más bonito y lo más doloroso. ¿Y ella? Ella me perdona. ¿El qué? ¿No haber sabido olvidarla?
Ella habla por los dos, decide ella, avanza ella, como ha hecho siempre. Nerea me coge de la mano.
-Ven te presentaré a mis amigos.
Y sonrío, y saludo como si todo eso me importara algo. Y otros nombres, y otras historias. Títulos comerciales de pseudo nobles jóvenes de esta sociedad que ya no tiene ningún título al menos para mí.
Y se ríe. Y yo solo percibo su perfume: Jazmín. Al menos en eso no ha cambiado. Y quería decirle: ¿y quién ha ocupado mi sitio? Mi sitio… ¿Porqué pensabas que tenías uno? podría contestarme. Entonces me quedo callado. La miro mientras continúa con ese extraño baile de presentaciones. Ella, hábil cortesana, dama impecable de ésa su alta sociedad, de su corte dorada. Y baila, y se ríe y echa hacia atrás la cabeza y cascadas de pelo y perfume y de nuevo su risa. Y otra vez… otra vez tu.
Pero no teníamos que volver a vernos… Y siento mi dolor. Lo que no sé, lo que no he vivido, lo que ahora me falta para siempre. ¿Cuantos brazos te han abrazado para convertirte en lo que eres?
Me quedo en silencio. La miro: Pero no la encuentro, entonces voy a buscar esa película en blanco y negro que ha durado dos años. Esas noches pasadas en el sofá. Lejos. Sin conseguir darme una explicación. Fuera en el balcón mirando a las estrellas…Allí precisamente dónde habíamos estado nosotros. Cuantas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo, llevado por los efluvios del alcohol, con la esperanza de encontrarla otra vez.
He perdido mi estrella ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién? A mi alrededor ese silencio de estrellas entrometidas y el ruido molesto de mis lágrimas.
Y yo, estúpido, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, cualquier porqué. Pero que idiota. Ya se sabe. Cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto un porqué.
Unax
Compartir:

Comentarios recientes