No es una despedida

6 04 2009

Saludos, a todas y a todos los que integramos Proyecto Soltero XXI. Un proyecto que en su día nació con el propósito de mostrar esa realidad cambiante en las relaciones afectivas en la sociedad del nuevo siglo. Mostrar las dificultades, las contradicciones existentes a través de las vivencias de todos nosotros, huyendo de generalidades y teorías sociológicas. Y creo que, durante estos seis meses de existencia del ´blog´Proyecto Soltero XXI hemos logrado entre todos que ese objetivo se haya cumplido.

El proyecto tiene una vertiente literaria que toca acometer, lo cual unido al resto de obligaciones que tengo, me impiden poder atenderlo como se merece, de ahí la poca actividad que se muestra en los últimos tiempos.

No es una despedida, creo que es bueno que quede abierto para poder leer los diferentes y variados ´post´que siguen siendo totalmente actuales. Y en la medida de los posible, se mantendrá vivo con colaboraciones, aunque estén mas espaciadas en el tiempo.

Por último, deciros que ha sido una experiencia muy interesante, en ocasiones divertida y que he aprendido mucho leyendoos. Gracias de corazón.

Cécile Lemonnier.





Afortunada por no sentirme presa

30 03 2009

“Libertad es una palabra enorme” decía Benedetti mediante la inocente Beatriz en Primavera con una esquina rota. Y cuánta razón tiene el entrañable poeta, o la inocente niña. Porque Libertad es una de las grandes palabras, es uno de los grandes temas que han inspirado a artistas y filósofos de todas las épocas.

Ni soy artista ni filósofa, de modo que ni escribiré un poema dedicado a dicha palabra, ni escribiré una reflexión exhaustiva sobre su significado. Lo único que puedo decir con la contundencia de estar absolutamente convencida de ello es que no hay mayor felicidad que sentirse libre. Y eso no depende tanto de circunstancias externas como de un estado interno. Y por supuesto, no tiene que ver con estar soltero o estar en pareja. Precisamente, si retrocedo en el tiempo y recuerdo la dicha del amor, una de las cosas que a mí me provocaba esa dicha era la sensación de libertad que me proporcionaba desnudar mi alma y quitarme todas las mascaras y corazas ante la persona amada. Si salía con mi chico era porque me apetecía, no porque tenía que hacerlo. Si algún dia dejaba de hacer algo que me apetecía porque de algún modo me necesitaba, no lo hacía porque era mi deber, lo hacía porque quería hacerlo. Si no me acostaba con otros hombres no era porque eso no se hace, no lo hacía porque no quería tener sexo con nadie más. El día que empezamos a sentirnos presos el uno del otro, fue simplemente el principio del fin.

Quien relaciona la soltería con la sensación de libertad, sinceramente creo que no tiene ni puta idea ni de lo que es sentir amor, ni de lo que es sentir una verdadera sensación de libertad. Me he sentido muchas veces presa estando soltera. Hoy me siento afortunada por no sentirme presa. Si algún dia tengo una pareja, quiero seguir conservando esta sensación y quiero que él también la tenga. No quiero otra cosa que no sea eso.

Un saludo. Caótica.

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Libertad, libertad…

19 03 2009

Hablando sobre la libertad, me suele ocurrir que, cuando limitamos su significado al hecho de estar o no estar emparejados, siempre acabo bastante desorientado. Bueno, más bien cabreado.

 ¿Significa eso que una persona soltera es libre? ¿Y que una persona emparejada no puede ejercitar la suya propia? ¿Acaso el resto de las facetas que componen la vida de cualquier persona normal no intervienen sobre la libertad individual?

La educación, el control social, las corrientes de opinión estandarizantes, los prejuicios y esta manera moderna de vivir dando la espalda a nuestra propia existencia (estrés, lo llaman) cercenan nuestra libertad mucho antes de que nos demos cuenta de que realmente ya la hemos perdido.

Lo único que nos queda es ese anhelado ocio (de consumo) de fin de semana en el que si estamos emparejados, resulta que lo tenemos que compartir con alguien que algún día creímos que nos importaba pero que ahora estorba esa aparente libertad para salir y consumir nuevas relaciones efímeras que sirven mantengan a flote nuestra desequilibrada autoestima, y todo eso antes de que llegue el lunes y apaguemos de nuevo la luz, y nos dejemos nuestro abotargado cerebro en la nevera hasta el próximo viernes, o víspera de festivo, o de vacaciones, que más da.

En realidad, en esta efímera puta vida de contrastes, de alegrías y tristezas… de amores y de odios,… todos deberíamos ser capaces sacudirnos, aunque sea parcialmente,  de tanta tontería, y poder ser capaces de adaptar nuestras circunstancias en favor de lo esencial.

Y, a partir de ahí que cada uno decida,… estar en pareja o soltero, pero que por lo menos al hablar de libertad, ese concepto tenga algún gramo de credibilidad.

Saludos sinceros, Juanje.

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Soltería y libertad

15 03 2009

soloLa soltería no es sinónimo de libertad, pero la sensación de libertad que proporciona la soltería no tiene precio.

Sin embargo, nos pasamos media vida intentando canjear esa libertad por tener alguien a nuestro lado.

¿Se puede tener pareja y sentirse libre? o bien, ¿cuando estamos emparejados sentimos que hemos perdido la libertad?

Un saludo. Amaya.

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¿Obsesión?

6 03 2009

Hablando de obsesiones, lo cierto es que las cosas a veces se complican. Conocí a alguien con quien todo parecía ir bien. Nuestro mayor problema era la distancia. El en Roma y yo aquí, en una ciudad del norte. A pesar de eso nos las arreglamos bien al principio. Gracias a los vuelos low cost, que son el puente de unión en estas historias los fines de semana. Así nos veíamos bastante. Una veces iba yo y otras venía él… todo tan intenso, a veces tan angustioso y también tan romántico.

Sí… me estoy poniendo tonta, pero lo cierto es que era así.
Y digo era porque, recientemente, todo cambió. Cambió para mí. De repente. No sabría explicar el porqué. Puede que me aburriera, puede que en un momento determinado viera claro que no había futuro o quizás fuera simplemente que hay relaciones de vida corta y punto. El caso es que el otro día le escribí un email interminable dándole toda clase de razones e intentado explicarle que ya no sentía lo mismo por él, y que por lo tanto lo mejor era no volver a  Escribirlo fue doloroso, recordando los buenos momentos, y los malos, ¿Estaría equivocada? pero una vez hecho y darle a “send”,  un gran alivio.

Toda la tarde delante del ordenador, esperando una respuesta que no llegaba. Su “mail” al día siguiente en la bandeja de entrada. Pero cuando lo leí, me quedé un tanto desconcertada. Que es que va él y me escribe como si no hubiera leído mi adiós, como si nunca lo hubiera recibido (lo comprobé una vez más, y efectivamente sí lo envié), y para rematarlo me dice que se viene el fin de semana, con la hora de llegada y todo, para que me acerque al aeropuerto con el coche a buscarle.

Todos estos días intentado llamarle por teléfono. Sin respuesta. Le he enviado unos dos mil “mails” de despedida más, que ya no los he escrito con dolor. Más bien con fastidio e incredulidad. ¡Le pido que no venga y no me hace ni caso! No sé cuantos mensajes míos tendrá en el contestador, joder, si es que me siento como si lo estuviera acosando con mis intentos de ruptura. Incluso le he enviado un telegrama “No quiero verte más. Esto se ha acabado”. Pero nada. La única respuesta es el silencio y el día de su llegada se va acercando. Su llegada. Y pensar que hace apenas tres semana contaba las horas para verle y ahora, de tan agobiada,  pagaría para que el tiempo se parara.

No voy a ir a buscarle al aeropuerto. Eso lo tengo claro. Pero es que sabe dónde vivo, y con el vuelo barato y un taxi, en poco más de tres horas lo veo plantándose en mi casa. Esa idea me espanta.
¿Alguien puede decirme que es lo que he hecho mal o, en su defecto, indicarme una forma efectiva para cortar con alguien que se niega a escuchar lo que no entra en sus planes? Empiezo a tener miedo…

Clara.

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Amor enfermo

1 03 2009

quirofanoSon las ocho de la mañana. Rostros serios en la sala de “Admisión” del hospital. Espero mi turno. Estoy en ayunas. Mi estómago amenaza tormenta. Hoy me rajan. Y por si fuera poco, Angélica, está de turno. Miro para todos los lados. “Tranquilo, esto es enorme y de momento no hay rastro de ella”. Para relajarme trato de pensar en otra cosa. Por favor, no. En la anestesia general no. Alerta, el vacío me sube hasta la garganta. Y entonces alguien dice mi nombre. “¿Familiares cercanos?”. Está claro, no se trata de nada demasiado grave, pero algo puede salir muy mal.

Persigo al celador a lo largo de interminables pasillos verdes. Es que todos los hospitales, igual. Con ese olor tan característico a enfermedad. Respiro hondo. Para enfermedad,  la que tengo yo. Camino con paso vacilante, atento a todos los recovecos y puertas abiertas, temeroso de toparme con un recogido de larga cabellera morena y rizada. Sobresaltándome ante cualquier aséptica bata verde de quirófano agitada con resuelto contoneo. Una bata verde que podría ser Angélica, mujer fatal de personalidad arrolladora y algo torcida.

Tras vomitar en la habitación, me pongo ese ridículo babero largo que se algunos se empeñan en llamar pijama y me tumbo a esperar. Bueno, en unas horas todo habrá acabado. Además, ya es casi imposible que me encuentre con ella. Con Angélica. Joder, Angélica, quien te puso el nombre aún ríe en la puerta del averno. Ante tu recuerdo, me ahogo de miedo. No puedo olvidar tu mirada de morena maldad. Puro instinto salvaje y asesino, que doblega mi voluntad.

Cierro los ojos. Ya en nuestra primera vez, fuiste directa al grano. Comenzaste suavemente, a masturbarme, con uno de tus enormes anillos puesto del revés. Yo protesté, algo sorprendido. Pero me mandaste callar. A medida que tu mano me apretaba el ritmo, los suspiros se tornaron en gritos de dolor. Superado el umbral del daño, el tormento se prolongo hasta que oleadas de un placer angustioso y espasmódico ahogaron cualquier atisbo de propia autoestima. Al acabar, doblado sobre mi miembro ensangrentado te interrogué con la mirada. “Esto cariño, para que nunca olvides quién soy yo”.

Ha llegado la hora. El celador guía mi cama hasta el quirófano. El corazón me late con fuerza. Trato de pensar en cosas agradables. Las puertas metálicas se abren. El aséptico personal de color verde está esperando. Soy muy frágil. Me colocan sobre la mesa de operaciones. Estoy desnudo. La mesa de metal está muy fría. Comienzo a temblar. Me enchufan una vía. Alguien me dice “te estamos sedando”. Alguien que me sonríe y se reclina sobre mi “¡Alexander!”. Intento fijar la mirada. “¡Tú por aquí!”. A la puerta del averno, los temblores ahora son escalofríos. Un recuerdo doloroso me encoge el pene. Y entonces quedo sumido en el más profundo e inquietante de los sueños.

MALEX

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Falta de compromiso, falta de madurez

23 02 2009

A diferencia de nuestros mayores, no nos ha tocado vivir grandes penurias. Es más, desde hace ya unos años se supone que vivimos en la sociedad del bienestar. Una sociedad del bienestar en la que bajo mi punto de vista, lo que se entiende por pareja tradicional no encaja. Una sociedad del bienestar que fomenta el individualismo y debilita el compromiso dentro de la pareja. Esa falta de compromiso, se extiende desde los seres queridos hacia el resto de los ámbitos de actividad social.

Por lo tanto yo diría que vivimos en una sociedad del bienestar basada en unas relaciones humanas cogidas con alfileres, totalmente insegura y cuyas manifestaciones más claras son la comodidad y el utilitarismo. Todo lo que no me es útil, lo rechazo. Si mi pareja no me es útil la rechazo.

Una relación se sustenta sobre tres pilares, la ternura, la seguridad y el reconocimiento del otro. Cuando no existe un compromiso, estos tres pilares desaparecen, y la relación de pareja es insostenible. Y no me sirve la típica excusa de una incompatibilidad de caracteres, ya que eso se debe a una incompatibilidad de egoísmos.

Por todo ello creo que donde falta compromiso, falta madurez. Teniendo en cuenta que lo que en el fondo todos anhelamos es amar y ser amados, debemos pararnos a pensar por qué hacemos las cosas y olvidarnos de la moda.

Un saludo. ANABEL.

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Siempre soltero

19 02 2009

solteroYo que querría ser soltero para siempre, sigo queriéndolo pero me he tambaleado gracias a una francesa salvaje. Y para colmo, no podremos vernos más…
 
Aunque todo tiene su explicación, supongo. De entrada se me da fatal conseguir sexo. No entiendo porqué me interesan para algo de rollo personas a las que no puedo conseguir, normalmente porque están casadas (aunque a más de una sé que también le apetecería, pero sería feo) Y cuando me encuentro a alguien disponible idealizo la situación. De ahí a la admiración un paso. Majaronadas de llevar algo más de un año a palo seco o más bien a base de cañas de cereal secas y separadas del grano.
 
La cuestión es que en una de mis múltiples citas, que hasta ahora habían acabado sin roce. Después de tres pelis, llegó el esperado revolcón. Que debido a mi estado, o al menos espero que sólo sea por eso, me supo a gloria. Con un cuerpo diez para mí, y eso que tiene diez años más que yo, y con mucho sustito del bueno me lo pasé genial, aunque me ha durado poco. Demasiado poco.
 
Todo tiene su parte buena, me veía enganchado otra vez, entrando nuevamente en la gran rueda. Pánico. Motivo: llevo año y medio disfrutando a lo GRANDE con mayúsculas (aunque según que disfrutes los tenía olvidados) y no me apetece que toque la campana que anuncia el final del recreo.
 
Me diréis que compartiendo las cosas se hacen más llevaderas, disfruta uno más… Y es cierto en parte. Pero como el famoso anuncio de la bebida universal “esperando a la gran ola”. Muchas veces tengo esa sensación y así me ha ido bien el último año y algo.
 
Por suerte o por desgracia, no cumplo uno de sus requisitos indispensables para entrar en su casa, aunque sólo sea una noche. Es decir, vivir yo en la mía. Lo cual es paradójico pero también tiene su porqué: No tengo hijos, no los tendré y no estoy casado, pero como mi ex decía, al final soy el padre de todos los demás de mi familia. Así que ahí ando con las desventajas de tener una familia más que numerosa y la desventaja de no disponer de un poco de intimidad. Todo porque mi sueldo es el más abultado del lugar. Llamadme tonto, que me lo mereceré, pero la realidad está ahí hasta que yo la cambie y no me resulta fácil.
 
¿No será que estoy huyendo en cuanto veo la posibilidad de conocer a alguien interesante? Podría ser, puede que no quiera reconocerlo. Llega un momento en que no distingo bien si lo que quiero es entrar en su vida o en sus bragas. Debería tenerlo claro pero no es así.
 
Por otro lado, todo el mundo tiene su lado oscuro, y al principio todo gusta. Pero qué pasa con el tiempo, cuando sin remisión las cosas ya no son lo que eran. Ahora tenemos doble problema: la costumbre y el desánimo.
 
Lo que sucede es que todo se olvida al principio, sobre todo si folla como los ángeles. Sexuados, eso sí.
  
Buen día. EL RARITO.

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El reencuentro

15 02 2009

Llego a la fiesta. Un salón lleno de personas desconocidas, voces lejanas y confusas, oigo una risa. Su risa. La risa que he añorado, la que he buscado, de ella, que ha sido mi sueño de mil noches. Nerea. Nerea. Nerea…
Nerea está sentada en un sofá en medio del salón. Es el centro de atención, cuenta algo y se ríe, y todos se ríen. Mientras yo, solo, me quedo en silencio. Ese es el momento que tanto he esperado. ¿Cuántas veces en Nueva York, hurgando en los recuerdos, apartando momentos dolorosos, peñascos de desilusión, he llegado allí, al fondo, hasta encontrar esa sonrisa? Y ahora está aquí, frente a mí. Y la comparto con otras personas. Todo lo que era mío, sólo mío. Repentinamente me veo corriendo a través de un laberinto hecho de momentos: nuestro primer encuentro, el primer beso, la primera vez… La explosión enloquecida de mi amor por ti. En un instante recuerdo todo lo que no he podido decirte, todo lo que hubiera querido que supieras, la belleza de mi amor. Eso es lo que hubiera querido mostrarte. Yo, simple cortesano admitido en tu corte, arrodillado delante de tu simple sonrisa, frente a la grandeza de tu reino, hubiera querido mostrarte el mío. Sobre una bandeja de plata, abriendo los brazos en una referencia infinita, mostrándote mi regalo, lo que sentía por ti: un amor sin límites. No pude decirte nada que tuvieras ganas de escuchar ¿y ahora? ¿Qué podría decirle ahora a esa chica que está sentada en el sofá? Te miro y ya no estás. ¿Dónde te has metido? ¿Dónde está esa sonrisa que me convertía en naufrago de certezas, pero tan seguro de felicidad? Querría escapar pero no hay tiempo, ya no hay tiempo. Aquí estas. Nerea se vuelve lentamente hacia mí.
- ¡Unax! No me lo puedo creer…Que sorpresa…
Se levanta y viene a mi encuentro. Me abraza. Me aprieta fuerte y me besa dulcemente en la mejilla. Después se separa, me mira a los ojos y sonríe.
- Qué contenta estoy de verte… ¿Pero qué haces aquí?
Quiero hablar pero no me da tiempo. Habla y ríe. Parece saberlo todo de mí. Sabe donde he estado, qué he hecho en Nueva york.
-Volviste a casa a principios de junio y ni siquiera me felicitaste por mi cumpleaños. No te acordaste ¿eh? Bueno te perdono…
Y sigue así, riendo. El tres de junio era su cumpleaños, y ese día yo me acordé perfectamente, como siempre. Como todos los años, también en Nueva York, como todo lo que tenía que ver con ella, lo más bonito y lo más doloroso. ¿Y ella? Ella me perdona. ¿El qué? ¿No haber sabido olvidarla?
Ella habla por los dos, decide ella, avanza ella, como ha hecho siempre. Nerea me coge de la mano.
-Ven te presentaré a mis amigos.
Y sonrío, y saludo como si todo eso me importara algo. Y otros nombres, y otras historias. Títulos comerciales de pseudo nobles jóvenes de esta sociedad que ya no tiene ningún título al menos para mí.
Y se ríe. Y yo solo percibo su perfume: Jazmín. Al menos en eso no ha cambiado. Y quería decirle: ¿y quién ha ocupado mi sitio? Mi sitio… ¿Porqué pensabas que tenías uno? podría contestarme. Entonces me quedo callado. La miro mientras continúa con ese extraño baile de presentaciones. Ella, hábil cortesana, dama impecable de ésa su alta sociedad, de su corte dorada. Y baila, y se ríe y echa hacia atrás la cabeza y cascadas de pelo y perfume y de nuevo su risa. Y otra vez… otra vez tu.
Pero no teníamos que volver a vernos… Y siento mi dolor. Lo que no sé, lo que no he vivido, lo que ahora me falta para siempre. ¿Cuantos brazos te han abrazado para convertirte en lo que eres?
Me quedo en silencio. La miro: Pero no la encuentro, entonces voy a buscar esa película en blanco y negro que ha durado dos años. Esas noches pasadas en el sofá. Lejos. Sin conseguir darme una explicación. Fuera en el balcón mirando a las estrellas…Allí precisamente dónde habíamos estado nosotros. Cuantas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo, llevado por los efluvios del alcohol, con la esperanza de encontrarla otra vez.
He perdido mi estrella ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién? A mi alrededor ese silencio de estrellas entrometidas y el ruido molesto de mis lágrimas.
Y yo, estúpido, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, cualquier porqué. Pero que idiota. Ya se sabe. Cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto un porqué.
 
Unax

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El vacío de a veces

11 02 2009

Son las cuatro de la mañana. Bebo y rio. A veces hablo. Mucha gente bailando pero tú no estás. Te busco. Te busco con los ojos por el bar. A veces te confundo con un gesto de alguien, con la sombra de otro, con una voz que parece la tuya, con una risa familiar. Hay mucha gente y sonrío con la copa en la mano. Y parezco contenta. Pero tú no estás.

Clara.

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