¿Qué os pasa a los hombres, que cuando una mujer toma la iniciativa en la cama, os venís abajo?
Puede ocurrir en una relación esporádica, en ausencia de confianza mutua, en situaciones de estrés, o cansancio tras una gran farra (sobre todo si hay alcohol de por medio). En se caso, te tragas tu orgullo (y tus ganas) y adiós muy buenas.
Pero, queridos lectores, el tío se tiró cuatro años con el cortejo. Ni más ni menos.
Estuvimos mucho tiempo saliendo en cuadrilla. Y reconozco que enseguida llamó mi atención. Me divertía especialmente con él. Era un chico con chispa, inteligente, y cuando se aproximaba a mí, me hacía sentir muy cómoda. Alguien cómplice, diferente.
Resulta que, con el paso de los meses, comenzamos a tontear en la intimidad de los SMS. Al principio, insinuaciones de incierta sensualidad. Algo inocente. Pero el tiempo corría a nuestro favor. Afilando el sutil juego de las palabras, los mensajes se fueron cargando de erotismo mal disimulado. Y la tensión fue aumentando poco a poco.
Finalmente, una noche, el intercambio de mensajes me sorprendió retorciéndome de excitación entre las sábanas de mi cama. Un relámpago de éxtasis, prolongado y desconocido, me sacudió el cuerpo. Estaba totalmente húmeda.
Así fue, queridas amigas (y amigos), mi primer encuentro de sexo virtual.
Durante un tiempo, no hablamos del tema. Algo extraño, estar con alguien a quién ansías poseer, y actuar como si nada. Los meses fueron cayendo. Harta de esperar, un día le dije (por la vía virtual, que continuaba funcionando de maravilla) que ya era hora, que tocaba lo carnal. Y él, aceptó.
Fue una semana muy larga; escogiendo el conjunto de lencería, soñando con gorilas desbocados, relamiéndome de todo el morbo acumulado. Definitivamente, no quería nada romántico. Sólo sexo puro y duro.
Y llegó el gran día. Yo estaba esperando en la cafetería del hotel. Por un lado sentía una gran excitación, aunque por otro estaba algo nerviosa. Pero cuando lo ví llegar, se me olvidó todo. Me sentía pletórica, tenía un subidón impresionante.
Al entrar en la habitación, él encendió la tele y se tumbó en la cama. Yo enseguida me quité los tacones. Pero nada. Pasó un buen rato hasta que me acerqué a sus labios:
- Creo que no hemos venido aquí a ver la tele ¿no? – había que romper el hielo.
Mientras nos besábamos notaba su tensión. Me quitó la ropa con manos temblorosas. Y para que voy a contar más. No hubo manera. Yo intenté quitarle importancia a lo sucedido. Pero nada.
Le envié un SMS caliente. Un atisbo de esperanza. Nos volvimos a tumbar en la cama. Pero nada. Por más que lo intenté, me lo curré durante horas…, no hubo forma de echar un polvo.
- Te he visto tan segura, que me he bloqueado – me dijo al final, sin apartar los ojos de la tele.
¿Cómo? ¿Cuatro años para decirme que le pongo nervioso? Sin comentarios.
AFRODITA.
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