Son las ocho de la mañana. Rostros serios en la sala de “Admisión” del hospital. Espero mi turno. Estoy en ayunas. Mi estómago amenaza tormenta. Hoy me rajan. Y por si fuera poco, Angélica, está de turno. Miro para todos los lados. “Tranquilo, esto es enorme y de momento no hay rastro de ella”. Para relajarme trato de pensar en otra cosa. Por favor, no. En la anestesia general no. Alerta, el vacío me sube hasta la garganta. Y entonces alguien dice mi nombre. “¿Familiares cercanos?”. Está claro, no se trata de nada demasiado grave, pero algo puede salir muy mal.
Persigo al celador a lo largo de interminables pasillos verdes. Es que todos los hospitales, igual. Con ese olor tan característico a enfermedad. Respiro hondo. Para enfermedad, la que tengo yo. Camino con paso vacilante, atento a todos los recovecos y puertas abiertas, temeroso de toparme con un recogido de larga cabellera morena y rizada. Sobresaltándome ante cualquier aséptica bata verde de quirófano agitada con resuelto contoneo. Una bata verde que podría ser Angélica, mujer fatal de personalidad arrolladora y algo torcida.
Tras vomitar en la habitación, me pongo ese ridículo babero largo que se algunos se empeñan en llamar pijama y me tumbo a esperar. Bueno, en unas horas todo habrá acabado. Además, ya es casi imposible que me encuentre con ella. Con Angélica. Joder, Angélica, quien te puso el nombre aún ríe en la puerta del averno. Ante tu recuerdo, me ahogo de miedo. No puedo olvidar tu mirada de morena maldad. Puro instinto salvaje y asesino, que doblega mi voluntad.
Cierro los ojos. Ya en nuestra primera vez, fuiste directa al grano. Comenzaste suavemente, a masturbarme, con uno de tus enormes anillos puesto del revés. Yo protesté, algo sorprendido. Pero me mandaste callar. A medida que tu mano me apretaba el ritmo, los suspiros se tornaron en gritos de dolor. Superado el umbral del daño, el tormento se prolongo hasta que oleadas de un placer angustioso y espasmódico ahogaron cualquier atisbo de propia autoestima. Al acabar, doblado sobre mi miembro ensangrentado te interrogué con la mirada. “Esto cariño, para que nunca olvides quién soy yo”.
Ha llegado la hora. El celador guía mi cama hasta el quirófano. El corazón me late con fuerza. Trato de pensar en cosas agradables. Las puertas metálicas se abren. El aséptico personal de color verde está esperando. Soy muy frágil. Me colocan sobre la mesa de operaciones. Estoy desnudo. La mesa de metal está muy fría. Comienzo a temblar. Me enchufan una vía. Alguien me dice “te estamos sedando”. Alguien que me sonríe y se reclina sobre mi “¡Alexander!”. Intento fijar la mirada. “¡Tú por aquí!”. A la puerta del averno, los temblores ahora son escalofríos. Un recuerdo doloroso me encoge el pene. Y entonces quedo sumido en el más profundo e inquietante de los sueños.
MALEX







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Supongo que has despertado y Angélica no era la anestesista, ni la cirujana.
Saludos.
Yo estoy patidifusa también, como dice undermind… pero me gusta mucho como está contada la historia…. y bueno, trataré de hacer algún comentario coherente sobre el contenido en cuanto me recupere de la escenita del anillo..
Información Bitacoras.com…
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buscas cura a tu soledad y tienes la medicina sin receta en la farmacia de tu vida rodeado de enfermeras porno que destrozan tu pene y tu mente eres tu mismo el que te postras en la mesa de sus cirugias con el bisturi que llevan entre sus piernas que tu mismo afilas te dejas abrir en canal para que nunca sanen tus heridas lamiendo y escribiendo de cicatrices
Gracias Unax, .undermind, Marse y arenadecosta (por cierto, bienvenida) por vuestros comentarios… Ante la sorpresa mostrada: el texto me interesa porque se adentra en el mundo de la obsesión y la dependencia hacia otra persona que incluso maltrata o “postra la voluntad”. Alguien que quiere dejar una relación enferma pero no puede, o no tiene fuerzas para hacerlo. Tengo otra colaboración sobre la obsesión, escrita desde otro ángulo, que ya publicaré a ver si genera un debate mas claro al respecto.
Besos y abrazos!
Pues publícala ya! Porque lo que es esta no ha generado mucho debate. A mi es que lo de la paja con anillo del revés me ha dejado sin poder pensar en nada más. Pedazo de animal la Angélica!
Eso pasa por meter la “manguerilla” donde no se debe….Vivan las mujeres masturbadoras y/o perturbadoras !!!!!