Grandes peligros acechan la azarosa vida del “single” en la hostil sociedad actual.
Regla número uno: no debes abandonar nunca, bajo ningún concepto, tu pose de aparente felicidad, o te harán pedazos. Al primer síntoma de humana debilidad, todo tu entorno intentará arreglarte la vida. Insistirán sin descanso en que lo que en esos casos se debe o no se debe hacer, machaconamente.
Una de las variantes más socorridas es la de “voy a presentarte a una amiga”, ejercitada indistintamente por padres, hermanos, amigos y algún que otro osado vecino.
Mi última emboscada, en casa de unos amigos. Siete personas. Dos parejas, dos chicas solteras y yo. “Vaya, que bien” me digo, iniciando una fluida conversación con la más atractiva de las dos. Puro instinto. La anfitriona, se ve obligada a intervenir. Con un imperceptible gesto de cabeza, me señala a la otra. “Alberto, ésta es la chica de la que tanto te he hablado”. La miro, tratando de recordar. Bueno, no está mal. Parapetada detras de un par de generosos senos que pugnan por escapar del escote, ella me sonríe con lo que yo interpreto como cierta timidez.
Tras unas cuantas confusas (e incomprensibles) maniobras, la cosa en la mesa queda así: A mi diestra la chica atractiva (en realidad es la que me gusta). No lleva escote y entre nosotros surgen ocurrentes y animadas conversaciones que provocan el jolgorio del resto. Además, tiene un rostro como para perderse en él.
Enfrente, la chica de la que tanto me han hablado. De cuando en cuando la miro, y ella me sonríe. Habla poco, pero parece una chica alegre. De risa fácil, contagiosa. Cuando suelta la carcajada, su apretado escote acapara la atención de toda la mesa.
Comida, vino. Del rostro atractivo, al escote. Comida, más vino. Del escote, nuevamente al rostro atractivo. Más conversación (y más vino). Y así, pasan las horas. La cena está resultando mucho más agradable de lo que cabría esperar.
Pero… hay un plan, y los anfitriones, la otra pareja, ¡y hasta la chica atractiva! (tremenda decepción) lo han ejecutado a la perfección. Es un poco demasiado tarde cuando me doy cuenta de que la chica de la que tanto me han hablado y yo mismo, estamos borrachos perdidos. “Draidodes” blasfemo.
Rápidamente, nos meten en un taxi, (luego supe que le dieron mi dirección). Y trabajo resuelto. Pero a esos cabrones se les fue la mano con la borrachera.
¿Qué se podía esperar de nosotros en semejante estado?
“Tienes unos ojos muy bonitos” le digo mirándole las tetas, para romper el hielo. Ella, (jode con la tímida) se abalanza sobre mi y trata de besarme, esparciéndo sus babas de Campillo, reserva del 2001, por toda mi cara. El taxista carraspea y en ese instante, una prolongada arcada se apodera de mí. ”El fracaso está servido” pensé.
No me he vuelto a encontrar con la chica de la que tanto me hablaron, pero el otro día me topé con los anfitriones por la calle. Y tras echarme la bronca (¡a mi!), displicentes, me soltaron una de las variantes mas humillantes:
- Haznos el favor, cómprate un animal de compañía.
Un saludo. Alberto.







A pesar de que soy hombre, hace mucho decidí que si lo podía evitar, nunca más echaría un polvo.
RSS: Suscribe PSXXI


Comentarios recientes