Amor oscuro

14 01 2009

crepusculo-en-la-playa-de-la-barrosa-chiclana-28824¿Alguien sabría decirme por qué una persona mantiene una relación oculta durante años con otra que está casada?

Mi amiga, 35 años, con trabajo estable, piso y coche. Todos la admiran; una “single” atractiva e independiente. Profesional y segura de sí misma. Muchos hombres, y alguna que otra mujer, se le acercan. Tratan de conocerla.

Pero ella aprieta el paso y mira al frente.

A veces incluso logro que me acompañe al cine, o a tomar una copa. Que conozca algo diferente. Que se dé cuenta de que no ha tenido juventud, de que no ha conocido a nadie, A NADIE, que la merezca de verdad. En igualdad de condiciones. Con quién poder explorar en busca de algo similar a la felicidad. Pero es imposible.

No hay nada que hacer.

Y no hay nada que hacer porque lleva desde los 18 trabajando de secretaria para su jefe, un hombre casado con el que desde el mismo instante en que empezó a trabajar para él mantiene una relación. Una relación que, aunque ella no quiera verlo, la está matando. Poco a poco.

Y quién es él, más que un nigromante que la mantiene a su lado hechizada y sumisa, durante tantos años. Un maestro, el tío. Cuando la contrató era padre de un niño. Ahora, 17 años después, tiene tres. Y ella aún lo defiende, lo admira, lo idolatra.

No trato de salvarla, simplemente en mi amiga. Además, ya tiene su condena; él le da un beso, y ella, se fabrica vanas esperanzas con las que intenta sobrevivir. Este fin de semana, por ejemplo, una agonía. Sollozando y vomitando bilis, a cada momento. Cuando no, suspirando por otro beso ponzoñoso, que mitigue su dolor y disfrace su pavor. Pavor a caer definitivamente en el abismo de su puta vida.

El viernes lo pilló follando con otra de sus compañeras.

Gracias, M.S. (Barcelona)

Compartir:
del.icio.us Bitacoras.com digg meneame fresqui technorati facebook





Sobre amantes y mujeres objeto

21 11 2008

imagesAyer comenté en “Feminismo y sexualidad“: “cuántos hombres conozco que tienen novia ‘para enseñar’ y luego la amante con la que se lo pasan realmente bien”.

El comentario me ha hecho reflexionar. Hace años tuve una experiencia como amante.

Yo estaba libre y él salía con una chica de mi universidad. El tío me atraía y yo no tenía que dar explicaciones a nadie. Así que me divertí durante casi dos años. Cuando salíamos en grupo, el chico me solía llevar a casa a petición de su novia. Era súper divertido, ver que ella se quedaba en casa y nosotros nos íbamos a lo nuestro, nos lo pasábamos genial en su coche, en mi piso de estudiantes,… PURO MORBO.

Recuerdo una vez que íbamos en su coche cinco personas, su novia delante con él y yo justo detrás con otros amigos. Mientras conducía me acariciaba las piernas sin que nadie se diera cuenta. Eso era lo más de lo más, ¡como me ponía!

Hasta que llega un momento en que te despiertas y dices bueno ya vale, ya me he cansado de esto y por supuesto ni me planteo una relación seria con un tío así porque sé que no solo le puso los cuernos conmigo, había otras.

Un día le dije: “No entiendo porque buscas esto fuera de tu relación ¿es que ella no te lo da todo?” y me contesta con toda la chulería que le caracterizaba: “sí, pero yo necesito más”. Olé, se quedó en la gloria. Le mandé a la porra.

Al tiempo se casaron y, como era de esperar, también se separaron.

Lo mío no fue mas que un juego, pero cuántas mujeres conozco que soportan una relación de segundo plato con hombres casados. Enamoradísimas e incapaces de romper con una situación que las degrada y las arrastra por el fango afectivo.

Y no tengo respuestas.

AFRODITA

Compartir:
del.icio.us bitacoras.com digg meneame fresqui facebook





Monogamia versus (in)fidelidad

22 10 2008

Tras “Érase una vez, una familia monógama…”, hoy le damos un repaso a otra de las traviesas maestras que soportan el vínculo de la familia, o pareja, tradicional: la (in)fidelidad.

Que desde los albores de la civilización en occidente la monogamia resultara provechosa no implicaba fidelidad. Más bien al contrario; en tiempos de la antigua Grecia, incluso en Roma, se estuviera casado o no, amar lo bello (carnalmente) era lo habitual. Que lo bello fuera hombre o mujer era apenas un detalle sin importancia.

Paulatinamente, el cristianismo impuso su nueva moral. El sexo, sólo para procrear. La asociación de la culpa con las relaciones al margen del matrimonio causó estragos en la pulsión natural del ser humano por el sexo. (La homosexualidad fue directamente abolida).

Tanto afán por normalizar los instintos, queridas amigas y amigos, acabó por consagrar la infidelidad. Aunque su práctica implica cierto grado de secretismo. Es conveniente evitar escándalos innecesarios.

Hoy en día, con libertad plena para establecer relaciones de pareja satisfactorias y de romper las que no lo son. Con licencia para relaciones de una sola noche, de temporada, de amistad con derecho a roce, y un sin fin más de posibilidades (¿realmente existe todo eso?), tras siglos de práctica la infidelidad sigue de rabiosa actualidad.

Las estadísticas afirman que más del 60% de los hombres y del 40% de las mujeres han sido infieles a sus parejas.

En serio, ¿tanto nos pone el pecado?

Meneame