¿Obsesión?

6 03 2009

Hablando de obsesiones, lo cierto es que las cosas a veces se complican. Conocí a alguien con quien todo parecía ir bien. Nuestro mayor problema era la distancia. El en Roma y yo aquí, en una ciudad del norte. A pesar de eso nos las arreglamos bien al principio. Gracias a los vuelos low cost, que son el puente de unión en estas historias los fines de semana. Así nos veíamos bastante. Una veces iba yo y otras venía él… todo tan intenso, a veces tan angustioso y también tan romántico.

Sí… me estoy poniendo tonta, pero lo cierto es que era así.
Y digo era porque, recientemente, todo cambió. Cambió para mí. De repente. No sabría explicar el porqué. Puede que me aburriera, puede que en un momento determinado viera claro que no había futuro o quizás fuera simplemente que hay relaciones de vida corta y punto. El caso es que el otro día le escribí un email interminable dándole toda clase de razones e intentado explicarle que ya no sentía lo mismo por él, y que por lo tanto lo mejor era no volver a  Escribirlo fue doloroso, recordando los buenos momentos, y los malos, ¿Estaría equivocada? pero una vez hecho y darle a “send”,  un gran alivio.

Toda la tarde delante del ordenador, esperando una respuesta que no llegaba. Su “mail” al día siguiente en la bandeja de entrada. Pero cuando lo leí, me quedé un tanto desconcertada. Que es que va él y me escribe como si no hubiera leído mi adiós, como si nunca lo hubiera recibido (lo comprobé una vez más, y efectivamente sí lo envié), y para rematarlo me dice que se viene el fin de semana, con la hora de llegada y todo, para que me acerque al aeropuerto con el coche a buscarle.

Todos estos días intentado llamarle por teléfono. Sin respuesta. Le he enviado unos dos mil “mails” de despedida más, que ya no los he escrito con dolor. Más bien con fastidio e incredulidad. ¡Le pido que no venga y no me hace ni caso! No sé cuantos mensajes míos tendrá en el contestador, joder, si es que me siento como si lo estuviera acosando con mis intentos de ruptura. Incluso le he enviado un telegrama “No quiero verte más. Esto se ha acabado”. Pero nada. La única respuesta es el silencio y el día de su llegada se va acercando. Su llegada. Y pensar que hace apenas tres semana contaba las horas para verle y ahora, de tan agobiada,  pagaría para que el tiempo se parara.

No voy a ir a buscarle al aeropuerto. Eso lo tengo claro. Pero es que sabe dónde vivo, y con el vuelo barato y un taxi, en poco más de tres horas lo veo plantándose en mi casa. Esa idea me espanta.
¿Alguien puede decirme que es lo que he hecho mal o, en su defecto, indicarme una forma efectiva para cortar con alguien que se niega a escuchar lo que no entra en sus planes? Empiezo a tener miedo…

Clara.

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El reencuentro

15 02 2009

Llego a la fiesta. Un salón lleno de personas desconocidas, voces lejanas y confusas, oigo una risa. Su risa. La risa que he añorado, la que he buscado, de ella, que ha sido mi sueño de mil noches. Nerea. Nerea. Nerea…
Nerea está sentada en un sofá en medio del salón. Es el centro de atención, cuenta algo y se ríe, y todos se ríen. Mientras yo, solo, me quedo en silencio. Ese es el momento que tanto he esperado. ¿Cuántas veces en Nueva York, hurgando en los recuerdos, apartando momentos dolorosos, peñascos de desilusión, he llegado allí, al fondo, hasta encontrar esa sonrisa? Y ahora está aquí, frente a mí. Y la comparto con otras personas. Todo lo que era mío, sólo mío. Repentinamente me veo corriendo a través de un laberinto hecho de momentos: nuestro primer encuentro, el primer beso, la primera vez… La explosión enloquecida de mi amor por ti. En un instante recuerdo todo lo que no he podido decirte, todo lo que hubiera querido que supieras, la belleza de mi amor. Eso es lo que hubiera querido mostrarte. Yo, simple cortesano admitido en tu corte, arrodillado delante de tu simple sonrisa, frente a la grandeza de tu reino, hubiera querido mostrarte el mío. Sobre una bandeja de plata, abriendo los brazos en una referencia infinita, mostrándote mi regalo, lo que sentía por ti: un amor sin límites. No pude decirte nada que tuvieras ganas de escuchar ¿y ahora? ¿Qué podría decirle ahora a esa chica que está sentada en el sofá? Te miro y ya no estás. ¿Dónde te has metido? ¿Dónde está esa sonrisa que me convertía en naufrago de certezas, pero tan seguro de felicidad? Querría escapar pero no hay tiempo, ya no hay tiempo. Aquí estas. Nerea se vuelve lentamente hacia mí.
- ¡Unax! No me lo puedo creer…Que sorpresa…
Se levanta y viene a mi encuentro. Me abraza. Me aprieta fuerte y me besa dulcemente en la mejilla. Después se separa, me mira a los ojos y sonríe.
- Qué contenta estoy de verte… ¿Pero qué haces aquí?
Quiero hablar pero no me da tiempo. Habla y ríe. Parece saberlo todo de mí. Sabe donde he estado, qué he hecho en Nueva york.
-Volviste a casa a principios de junio y ni siquiera me felicitaste por mi cumpleaños. No te acordaste ¿eh? Bueno te perdono…
Y sigue así, riendo. El tres de junio era su cumpleaños, y ese día yo me acordé perfectamente, como siempre. Como todos los años, también en Nueva York, como todo lo que tenía que ver con ella, lo más bonito y lo más doloroso. ¿Y ella? Ella me perdona. ¿El qué? ¿No haber sabido olvidarla?
Ella habla por los dos, decide ella, avanza ella, como ha hecho siempre. Nerea me coge de la mano.
-Ven te presentaré a mis amigos.
Y sonrío, y saludo como si todo eso me importara algo. Y otros nombres, y otras historias. Títulos comerciales de pseudo nobles jóvenes de esta sociedad que ya no tiene ningún título al menos para mí.
Y se ríe. Y yo solo percibo su perfume: Jazmín. Al menos en eso no ha cambiado. Y quería decirle: ¿y quién ha ocupado mi sitio? Mi sitio… ¿Porqué pensabas que tenías uno? podría contestarme. Entonces me quedo callado. La miro mientras continúa con ese extraño baile de presentaciones. Ella, hábil cortesana, dama impecable de ésa su alta sociedad, de su corte dorada. Y baila, y se ríe y echa hacia atrás la cabeza y cascadas de pelo y perfume y de nuevo su risa. Y otra vez… otra vez tu.
Pero no teníamos que volver a vernos… Y siento mi dolor. Lo que no sé, lo que no he vivido, lo que ahora me falta para siempre. ¿Cuantos brazos te han abrazado para convertirte en lo que eres?
Me quedo en silencio. La miro: Pero no la encuentro, entonces voy a buscar esa película en blanco y negro que ha durado dos años. Esas noches pasadas en el sofá. Lejos. Sin conseguir darme una explicación. Fuera en el balcón mirando a las estrellas…Allí precisamente dónde habíamos estado nosotros. Cuantas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo, llevado por los efluvios del alcohol, con la esperanza de encontrarla otra vez.
He perdido mi estrella ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién? A mi alrededor ese silencio de estrellas entrometidas y el ruido molesto de mis lágrimas.
Y yo, estúpido, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, cualquier porqué. Pero que idiota. Ya se sabe. Cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto un porqué.
 
Unax

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¿Qué os pasa a los hombres?

12 12 2008

¿Qué os pasa a los hombres, que cuando una mujer toma la iniciativa en la cama, os venís abajo?

Puede ocurrir en una relación esporádica, en ausencia de confianza mutua, en situaciones de estrés, o cansancio tras una gran farra (sobre todo si hay alcohol de por medio).  En se caso, te tragas tu orgullo (y tus ganas) y adiós muy buenas.

Pero, queridos lectores, el tío se tiró cuatro años con el cortejo. Ni más ni menos.

Estuvimos mucho tiempo saliendo en cuadrilla. Y reconozco que enseguida llamó mi atención. Me divertía especialmente con él. Era un chico con chispa, inteligente, y cuando se aproximaba a mí, me hacía sentir muy cómoda. Alguien cómplice, diferente.

Resulta que, con el paso de los meses, comenzamos a tontear en la intimidad de los SMS. Al principio, insinuaciones de incierta sensualidad. Algo inocente. Pero el tiempo corría a nuestro favor. Afilando el sutil juego de las palabras, los mensajes se fueron cargando de erotismo mal disimulado. Y la tensión fue aumentando poco a poco.

Finalmente, una noche, el intercambio de mensajes me sorprendió retorciéndome de excitación entre las sábanas de mi cama. Un relámpago de éxtasis, prolongado y desconocido, me sacudió el cuerpo. Estaba totalmente húmeda.

Así fue, queridas amigas (y amigos), mi primer encuentro de sexo virtual.

Durante un tiempo, no hablamos del tema. Algo extraño, estar con alguien a quién ansías poseer, y actuar como si nada. Los meses fueron cayendo. Harta de esperar, un día le dije (por la vía virtual, que continuaba funcionando de maravilla) que ya era hora, que tocaba lo carnal. Y él, aceptó.

Fue una semana muy larga; escogiendo el conjunto de lencería, soñando con gorilas desbocados, relamiéndome de todo el morbo acumulado. Definitivamente, no quería nada romántico. Sólo sexo puro y duro.

Y llegó el gran día. Yo estaba esperando en la cafetería del hotel. Por un lado sentía una gran excitación, aunque por otro estaba algo nerviosa. Pero cuando lo ví llegar, se me olvidó todo. Me sentía pletórica, tenía un subidón impresionante.

Al entrar en la habitación, él encendió la tele y se tumbó en la cama. Yo enseguida me quité los tacones. Pero nada. Pasó un buen rato hasta que me acerqué a sus labios:

- Creo que no hemos venido aquí a ver la tele ¿no? – había que romper el hielo.

Mientras nos besábamos notaba su tensión. Me quitó la ropa con manos temblorosas. Y para que voy a contar más. No hubo manera. Yo intenté quitarle importancia a lo sucedido. Pero nada.

Le envié un SMS caliente. Un atisbo de esperanza. Nos volvimos a tumbar en la cama. Pero nada. Por más que lo intenté, me lo curré durante horas…, no hubo forma de echar un polvo.

- Te he visto tan segura, que me he bloqueado – me dijo al final, sin apartar los ojos de la tele.

¿Cómo? ¿Cuatro años para decirme que le pongo nervioso? Sin comentarios.

AFRODITA.

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Siempre con el mismo

8 12 2008

Hola, buenas. Espero no arrenpentirme de esto. Allá voy.

Estoy felizmente casada desde hace exactamente 20 años. Adoro a mi marido, y él me adora a mí. Tenemos unas relaciones sexuales estupendas, ESTUPENDAS, y me ayuda en todo. No puedo ser más feliz. Pero…

Estoy con él desde los 18 años y no he tenido relaciones con nadie más. Y ahora me encantaría probar con otra persona. No se, pero leyendo el “post” La bomba de Trainer, me siento en cierta manera identificada con la mujer de la historia (aunque no sé si yo sería capaz de contarle la infidelidad a mi marido); necesito una aventura, quiero probar con otro…

Además tengo un candidato ideal. Estoy segura de que probaría conmigo, encantado. Se trata de mi jefe. El también está casado, no significaría nada. Nada más que sexo.

Cuando me acerco a él, noto como un cosquilleo en el bajo vientre. Disfruto muchísimo: cruce de miradas, pequeños roces,… La tensión sube cada día y no se cómo dar el primer paso, cómo plantear el encuentro, pero estoy deseándolo.

Que quede claro, no dejaría a mi marido por nada del mundo, le quiero profundamente.

Sólo quiero probar, probar con otro hombre…

¿Hay alguien por aquí que sólo haya besado a una persona en su vida? Es así de simple, y así de complicado.

Tal vez podáis ayudarme desde vuestro punto de vista.

Muchas gracias, me encanta el blog. Un saludo.

PRIMERIZA

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La bomba

1 12 2008

Son ellos, una pareja con varios años de convivencia a sus espaldas (apenas recuerdan el como y cuando), pero todavía jóvenes, sentados frente al televisor, aguardando que llegue la hora de irse a la cama, probablemente a dormir.

Son ella, leyendo una revista de decoración, y él, con el mando en la mano, cambiando de canal a intervalos regulares, esperando que algo novedoso capte su atención. Y así, arropados por el tierno sopor de la mera compañía mutua, languidece un nuevo día sin historia

Pero, por un momento, ella alza la vista del la revista, se quita las gafas de leer y con una patilla entre los dientes, como reflexionando sobre algo pretérito, suelta la bomba. Una bomba disfrazada de comentario banal:

- Cariño, me he acostado varias veces con otro. Sólo ha sido sexo, nada del otro mundo.

Uno de los canales se queda fijo en la pantalla. El mando cae sordo sobre la alfombra. Ella se sumerge de nuevo en las tendencias minimalistas del salón. Lleva largo tiempo suspirando por algo así.

La onda expansiva se extiende letal, devastadora. Primero la violencia de la tormenta. Luego la calma aparente. Todo un tormento, que perdura hasta que llega el predecible final.

Son ellos, todavía jóvenes, los que acaban separándose.

Y entonces surge la pregunta. En realidad me asalta como hombre que soy. Intentando escarbar en la mente femenina:

¿No basta con plantear la separación? ¿No es mejor evitar el sufrimiento inútil? ¿Por qué y para qué la mujer va y se lo cuenta todo a su marido?

Cécile, celebremos la semana del Solitario y no Llanero…

Gracias. TRAINER.

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El amor, una reflexión

6 11 2008

besoHablando de relaciones, todos nos preguntamos, porque fallamos tanto en el amor.

Creo que es porque elegimos quedarnos con la persona equivocada desde un principio, y lo agravamos porque insistimos en quedarnos con esa persona, a pesar de las señales inequívocas que nos avisan que la relación que no queremos terminar, está resultando para nosotros altamente tóxica.

El amor “debe” ser una experiencia satisfactoria… debe ser real, ¡si! ¡por supuesto! Cuanto más realista sea, ¡mejor! Pero al mismo tiempo debe hacernos mejor persona, darnos voluntad, esperanza, para superar con esa persona lo que la vida te pone en el camino.

A veces, todos hemos confundido amar con sufrir y hemos olvidado que tenemos derecho a ser felices.

Un saludo. Atalina.

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Erase una vez, una familia monógama…

20 10 2008

En los albores de la civilización, la familia monógama se impuso como base fundamental de las sociedades patriarcales en la cultura occidental, para garantizar la continuidad consanguínea de la propiedad privada. Durante siglos, interesaba una estrategia de expansión del capital social a través de redes de parentesco político. En consecuencia las mismas familias decidían la unión más conveniente para sus hijos.

Todo siguió más o menos igual hasta el siglo XVIII (la tira de años). De la mano de la revolución industrial, se introdujo una novedad interesante: elegir libremente a la pareja. Todo una adelanto, aunque dicha elección se produjera bajo el síndrome del “príncipe azul”. El amor inicial era la coartada perfecta para mantener una estabilidad familiar basada en la dependencia femenina del marido proveedor.

Con el matrimonio por “amor” de moda durante casi dos siglos, llegamos al modelo actual, en el que gracias a la progresiva independencia económica de las mujeres, el matrimonio (la pareja) presenta una radical simetría igualitaria y depende casi en exclusiva de la identificación emocional y personal entre ambas partes.

Gran conquista social, que unida a otros factores de orden económico y social (masificación urbana, predominio del individuo), ha sumido a la familia tradicional en una crisis sin precedentes como institución social de base. Hoy en día es una estructura tremendamente inestable (se acabó el amor, adiós a la pareja).

En plena revolución social, con unas enormes tasas de divorcios y novedosos planteamientos de pareja, surge Proyecto Soltero XXI…