Hombres, hombres, hombres,…
Vale, yo también lo soy. ¿Tiene algo de malo?
Repasemos mi situación:
Soy hombre, relativamente joven, moderno, resido en una ciudad de tamaño medio, con trabajo fijo, limpio, y sobre todo, bien educado. Y aún así, me va fatal.
Y eso que lucho denodadamente contra el rol de machote insensible que nos persigue a los hombres desde que nacemos.
Intento, por ejemplo, hacer más de una cosa a la vez. Al principio cuesta, pero he progresado: ahora soy capaz de atender con aparente interes la conversación de mi compañera Ana, y admirar con natural disimulo lo bien que le quedan los Levi´s (aunque luego, me siento culpable).
Tampoco dejo de entrenar mi rudimentaria inteligencia, disipada en asuntos carnales. Acudo con una calculada imagen “casual” a las terrazas de las cafeterías de moda de la ciudad. Y me siento allí, tratando de resolver diabólicas pruebas tipo “brain” y sudokus imposibles. Reconozco que es difícil concentrarse. Las terrazas suelen estar atestadas de mujeres. Mujeres guapas hablando. Hablando de hombres y problemas derivados. Como de costumbre, nos ponen a parir. Joder, actúan como si yo no estuviera allí.
Mira que hago por no desanimarme. En cultura, intento estar a la última. Me he leído todos los libros de Lucia Etxebarría, y últimamente acompaño a mi hermana y a sus amigas cada vez que van de compras. No dejan que me meta con ellas en el probador. Pero a cambio, me he aprendido de memoria todos los perfumes que usan, y en tendencias de moda estoy a la última, un “crack”. Además, en la intimidad juego con mi Barbie, la llamo con el nombre de mi chica preferida y ambos le ponemos los cuernos a Ken. Pero a pesar de todo, noto que algo va mal.
He logrado llorar con “Dirty dancing” y me he tirado un millón de horas leyendo poesía, sentado en los infinitos bancos de todos los parques de la ciudad. Un millón de horas leyendo poesía y novela romántica. Pero nada. Sigo soltero.
Hombres, hombres, hombres,…
Los tíos guapos y atractivos no tienen problema. Pueden ser machos, eructar y tocarse los huevos entre ellos. Nunca dejarán de ser unos rompecorazones algo cabroncetes. Unos rompecorazones a los que se les perdona todo.
¿Y que me decís de los ricos?, siempre podrán comprar el cariño, porque siempre habrá quién les caliente la cama por dinero.
Soy hombre, relativamente joven, razonablemente bueno, intento ser actual, moderno y vivir mi tiempo. Y soy soltero, ¿Qué puedo hacer?
Saludos a los lectores del blog. MALEX.
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