Soltería y libertad

15 03 2009

soloLa soltería no es sinónimo de libertad, pero la sensación de libertad que proporciona la soltería no tiene precio.

Sin embargo, nos pasamos media vida intentando canjear esa libertad por tener alguien a nuestro lado.

¿Se puede tener pareja y sentirse libre? o bien, ¿cuando estamos emparejados sentimos que hemos perdido la libertad?

Un saludo. Amaya.

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Amor enfermo

1 03 2009

quirofanoSon las ocho de la mañana. Rostros serios en la sala de “Admisión” del hospital. Espero mi turno. Estoy en ayunas. Mi estómago amenaza tormenta. Hoy me rajan. Y por si fuera poco, Angélica, está de turno. Miro para todos los lados. “Tranquilo, esto es enorme y de momento no hay rastro de ella”. Para relajarme trato de pensar en otra cosa. Por favor, no. En la anestesia general no. Alerta, el vacío me sube hasta la garganta. Y entonces alguien dice mi nombre. “¿Familiares cercanos?”. Está claro, no se trata de nada demasiado grave, pero algo puede salir muy mal.

Persigo al celador a lo largo de interminables pasillos verdes. Es que todos los hospitales, igual. Con ese olor tan característico a enfermedad. Respiro hondo. Para enfermedad,  la que tengo yo. Camino con paso vacilante, atento a todos los recovecos y puertas abiertas, temeroso de toparme con un recogido de larga cabellera morena y rizada. Sobresaltándome ante cualquier aséptica bata verde de quirófano agitada con resuelto contoneo. Una bata verde que podría ser Angélica, mujer fatal de personalidad arrolladora y algo torcida.

Tras vomitar en la habitación, me pongo ese ridículo babero largo que se algunos se empeñan en llamar pijama y me tumbo a esperar. Bueno, en unas horas todo habrá acabado. Además, ya es casi imposible que me encuentre con ella. Con Angélica. Joder, Angélica, quien te puso el nombre aún ríe en la puerta del averno. Ante tu recuerdo, me ahogo de miedo. No puedo olvidar tu mirada de morena maldad. Puro instinto salvaje y asesino, que doblega mi voluntad.

Cierro los ojos. Ya en nuestra primera vez, fuiste directa al grano. Comenzaste suavemente, a masturbarme, con uno de tus enormes anillos puesto del revés. Yo protesté, algo sorprendido. Pero me mandaste callar. A medida que tu mano me apretaba el ritmo, los suspiros se tornaron en gritos de dolor. Superado el umbral del daño, el tormento se prolongo hasta que oleadas de un placer angustioso y espasmódico ahogaron cualquier atisbo de propia autoestima. Al acabar, doblado sobre mi miembro ensangrentado te interrogué con la mirada. “Esto cariño, para que nunca olvides quién soy yo”.

Ha llegado la hora. El celador guía mi cama hasta el quirófano. El corazón me late con fuerza. Trato de pensar en cosas agradables. Las puertas metálicas se abren. El aséptico personal de color verde está esperando. Soy muy frágil. Me colocan sobre la mesa de operaciones. Estoy desnudo. La mesa de metal está muy fría. Comienzo a temblar. Me enchufan una vía. Alguien me dice “te estamos sedando”. Alguien que me sonríe y se reclina sobre mi “¡Alexander!”. Intento fijar la mirada. “¡Tú por aquí!”. A la puerta del averno, los temblores ahora son escalofríos. Un recuerdo doloroso me encoge el pene. Y entonces quedo sumido en el más profundo e inquietante de los sueños.

MALEX

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Siempre soltero

19 02 2009

solteroYo que querría ser soltero para siempre, sigo queriéndolo pero me he tambaleado gracias a una francesa salvaje. Y para colmo, no podremos vernos más…
 
Aunque todo tiene su explicación, supongo. De entrada se me da fatal conseguir sexo. No entiendo porqué me interesan para algo de rollo personas a las que no puedo conseguir, normalmente porque están casadas (aunque a más de una sé que también le apetecería, pero sería feo) Y cuando me encuentro a alguien disponible idealizo la situación. De ahí a la admiración un paso. Majaronadas de llevar algo más de un año a palo seco o más bien a base de cañas de cereal secas y separadas del grano.
 
La cuestión es que en una de mis múltiples citas, que hasta ahora habían acabado sin roce. Después de tres pelis, llegó el esperado revolcón. Que debido a mi estado, o al menos espero que sólo sea por eso, me supo a gloria. Con un cuerpo diez para mí, y eso que tiene diez años más que yo, y con mucho sustito del bueno me lo pasé genial, aunque me ha durado poco. Demasiado poco.
 
Todo tiene su parte buena, me veía enganchado otra vez, entrando nuevamente en la gran rueda. Pánico. Motivo: llevo año y medio disfrutando a lo GRANDE con mayúsculas (aunque según que disfrutes los tenía olvidados) y no me apetece que toque la campana que anuncia el final del recreo.
 
Me diréis que compartiendo las cosas se hacen más llevaderas, disfruta uno más… Y es cierto en parte. Pero como el famoso anuncio de la bebida universal “esperando a la gran ola”. Muchas veces tengo esa sensación y así me ha ido bien el último año y algo.
 
Por suerte o por desgracia, no cumplo uno de sus requisitos indispensables para entrar en su casa, aunque sólo sea una noche. Es decir, vivir yo en la mía. Lo cual es paradójico pero también tiene su porqué: No tengo hijos, no los tendré y no estoy casado, pero como mi ex decía, al final soy el padre de todos los demás de mi familia. Así que ahí ando con las desventajas de tener una familia más que numerosa y la desventaja de no disponer de un poco de intimidad. Todo porque mi sueldo es el más abultado del lugar. Llamadme tonto, que me lo mereceré, pero la realidad está ahí hasta que yo la cambie y no me resulta fácil.
 
¿No será que estoy huyendo en cuanto veo la posibilidad de conocer a alguien interesante? Podría ser, puede que no quiera reconocerlo. Llega un momento en que no distingo bien si lo que quiero es entrar en su vida o en sus bragas. Debería tenerlo claro pero no es así.
 
Por otro lado, todo el mundo tiene su lado oscuro, y al principio todo gusta. Pero qué pasa con el tiempo, cuando sin remisión las cosas ya no son lo que eran. Ahora tenemos doble problema: la costumbre y el desánimo.
 
Lo que sucede es que todo se olvida al principio, sobre todo si folla como los ángeles. Sexuados, eso sí.
  
Buen día. EL RARITO.

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Razón de single

4 02 2009

En cuanto la vi, tuve la certeza de que aquella chica iba a destrozar mi vida. En aquella época era justo lo que yo necesitaba. Y eso que tenía el convencimiento de que las cosas comenzaron de forma contundente, o sea, peor que mal. Así que, me entregué sin rubor al desatino del enamoramiento.

Un abrazo, MALEX.

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Crónica de Navidad (de él)

5 01 2009

Soy un “single” reglamentario. Tengo trabajo fijo, coche y un piso en el que vivo yo sólo. Y para despejar cualquier duda, estoy en edad de procrear y no estoy obsesionado por buscar pareja. (Bueno, un poco de actividad sexual no me vendría mal).

Como veis cumplo todos los requisitos, indispensables hoy en día para ser feliz. Y lo soy. O por lo menos eso creía. Y lo digo, porque en estas navidades, con tanta comida familiar y reunión social me ha entrado la duda. Y es que, no tener pareja, significa no poder hablar de nada más. Es como si uno no tuviera inquietudes personales, intereses o problemas laborales.

En la mesa, tus padres, hermanos, tías (los tíos generalmente no cuentan), primos y alguna que otra abuela. Llega el turno de hablar sobre los chismes del barrio, pueblo o ciudad (y si no para eso están los de la tele) e inevitablemente alguien repara en ti escondido tras una copa de vino o una pata de cordero. “¿Y tu? ¿Cuando vas a asentar la cabeza?” suelta alguien como si fuera el chiste más gracioso de la noche.

Gracias a que los niños no callan, uno puede replicar “¿El trabajo? Pues ahora con la crisis…”. Da lo mismo, no hay manera. La conversación, bastante anodina hasta el momento, se anima. No hay nada que hacer. Hasta la abuela quiere hablar. Los niños se callan y me miran un poco celosos; todos los consejos, broncas y paternalismos son para mí. Pero lo que más me fastidia de todo, es que se ponen a hablar como si yo no estuviera delante. “Aquella novia ¿Cómo se llamaba? Aquella si que era una buena chavala… no como la última…”. Alguien intercede: “La última era maja ¿no?”. Y tu madre, que para eso te ha parido y siempre tiene razón: “Buff, de la última, mejor no hablar”. Nada más decirlo, se apercibe de mi presencia, de mi expresión alucinada, y encima, se sorprende. “Ya sabes, Alberto, que nunca me he metido en tu vida, pero…”

Me sirvo otra copa de champán e intento jugar, para disimular, con mi sobrina que de hecho ya vuelve a estar ocupada, al igual que el resto de los niños.

Y de repente, me doy cuenta de que hasta el cava me sabe mal. Estoy sólo en el mundo. Nadie me quiere, y el espíritu navideño es una mierda.

¿Acaso se arreglara todo si algún día me hecho novia?…

Alberto, diario de un “single”.

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Diario de un hombre moderno

25 12 2008

Hombres, hombres, hombres,…

Vale, yo también lo soy. ¿Tiene algo de malo?

Repasemos mi situación:

Soy hombre, relativamente joven, moderno, resido en una ciudad de tamaño medio, con trabajo fijo, limpio, y sobre todo, bien educado. Y aún así, me va fatal.

Y eso que lucho denodadamente contra el rol de machote insensible que nos persigue a los hombres desde que nacemos.

Intento, por ejemplo, hacer más de una cosa a la vez. Al principio cuesta, pero he progresado: ahora soy capaz de atender con aparente interes la conversación de mi compañera Ana, y admirar con natural disimulo lo bien que le quedan los Levi´s (aunque luego, me siento culpable).

Tampoco dejo de entrenar mi rudimentaria inteligencia, disipada en asuntos carnales. Acudo con una calculada imagen “casual” a las terrazas de las cafeterías de moda de la ciudad. Y me siento allí, tratando de resolver diabólicas pruebas tipo “brain” y sudokus imposibles. Reconozco que es difícil concentrarse. Las terrazas suelen estar atestadas de mujeres. Mujeres guapas hablando. Hablando de hombres y problemas derivados. Como de costumbre, nos ponen a parir. Joder, actúan como si yo no estuviera allí.

Mira que hago por no desanimarme. En cultura, intento estar a la última. Me he leído todos los libros de Lucia Etxebarría, y últimamente acompaño a mi hermana y a sus amigas cada vez que van de compras. No dejan que me meta con ellas en el probador. Pero a cambio, me he aprendido de memoria todos los perfumes que usan, y en tendencias de moda estoy a la última, un “crack”.  Además, en la intimidad juego con mi Barbie, la llamo con el nombre de mi chica preferida y ambos le ponemos  los cuernos a Ken. Pero a pesar de todo, noto que algo va mal.

He logrado llorar con “Dirty dancing” y me he tirado un millón de horas leyendo poesía, sentado en los infinitos bancos de todos los parques de la ciudad. Un millón de horas leyendo poesía y novela romántica. Pero nada. Sigo soltero.

Hombres, hombres, hombres,…

Los tíos guapos y atractivos no tienen problema. Pueden ser machos, eructar y tocarse los huevos entre ellos. Nunca dejarán de ser unos rompecorazones algo cabroncetes. Unos rompecorazones a los que se les perdona todo.

¿Y que me decís de los ricos?, siempre podrán comprar el cariño, porque siempre habrá quién les caliente la cama por dinero.

Soy hombre, relativamente joven, razonablemente bueno, intento ser actual, moderno y vivir mi tiempo. Y soy soltero, ¿Qué puedo hacer?

Saludos a los lectores del blog. MALEX.

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Por Internet tampoco (se liga)

28 11 2008

Hola, soy Montse, de nuevo, la separada a la cual se le ha pasado el arroz, la que tiene que ni salir de casa porque debo ser horrorosa, la cuarentona pasada de moda, je, je,..

En este nuevo artículo quiero hablaros sobre “ligar por Internet”,…

Queriéndome incorporar en esta sociedad empiezo a chatear, y mi pregunta es: ¿alguien consigue encontrar su media naranja a través de Internet?, porque yo debo de estar en otra galaxia.

Lo primero que te piden es que tengas cam, no les interesa el ir conociéndose poco a poco y tener una estupenda conversación. La mayoría lo que quieren es tocarse y masturbarse para ti a través de la cam, y claro que tu también lo hagas, que para eso me veo una película porno, que son verdaderos profesionales y tienen bastante más arte y no tengo que enseñar mi cuerpo a un auténtico desconocido.
Pero si no tienes cam, no hay problema, te piden el número de teléfono y te llaman y hacen lo mismo pero claro solamente escuchas, ya no lo ves,..¡oh, qué pena! Eso sí en este caso te ahorras la llamada a una línea erótica, pues los que se gastan el dinero en teléfono son ellos.
Otra modalidad que hay, es sin apenas haber cruzado dos palabras, si vives en la misma localidad que ellos, te dan su dirección o tú le das la tuya, os juntáis en una de las casas y sin conoceros, ni haberos visto previamente echáis un polvo. Ya ves, servicio a domicilio y no tienes ni que pagarle, eso sí, te arriesgas a echar un polvo con el doble de Richard Gere o con el muñeco diabólico, pues, ¡no le conoces!
Y la mejor. Empiezas una conversación que promete, el va de chico serio, formal, que también busca su media naranja, Pero según va transcurriendo, en un momento dado acaba preguntándote ¿cómo tienes las tetas? o ¿te gusta que te la metan por detrás?,

En fin, que el término ligar le queda muy grande a este medio.

Si a esta nueva sociedad, la forma más inteligente que se le ha ocurrido para encontrar a tu pareja ideal es ésta versión de Internet, lo siento ¡me borro ahora mismo!…

(Creo que el mundo del porno, las líneas eróticas, y la prostitución, se van a resentir  bastante en esta época de crisis).

Al final acabas hablando por el chat con otras mujeres comentando lo salidos que están los tíos y entablando una conversación bastante más interesante y agradable. Si los hombres siguen así acabarán con las manos llenas de callos, enseñando su cuerpo a perfectas desconocidas, y sí bueno en alguna que otra ocasión echando un polvo, pero sin llegar a experimentar la impresionante vivencia que es “hacer el amor y no follar”.

Aprovecho la ocasión para agradecer todas las respuestas obtenidas de mi anterior post. Exceptuando las respuestas misóginas de ciertos adolescentes pajilleros, me han parecido muy interesantes las opiniones del resto.

Un saludo. MONTSE.

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Luchar y resistir

23 11 2008

Hace años salí con dos personas al mismo tiempo y no, no se trataba de un ménage à trois. Posiblemente ahí estaba el problema.

El caso es que por esas cosas que pasan, tras largos meses de sequía de repente aparecen dos soles que te ponen la piel de gallina y claro… el dilema es ¿con cual te quedas?… Lo cierto es que si uno de ellos, o ambos, hubieran pasado de mí pues problema arreglado. Pero no, ya sabéis lo de la Ley de Murphy… Los dos estaban interesados y cada uno (que majos) lo demostraba a su manera. De verdad que para mí era una comedura de cabeza permanente, tenía pocos momentos de tranquilidad y la maldita conciencia siempre me estaba jodiendo… elige uno, elige uno..no puedes andar con los, tú eres más legal que todo eso, tienes que ser honesta etc.

Bueno, de cómo se fue enredando la cosa no me acuerdo exactamente, pero si un día quedaba con uno para tomar un café, otro día quedaba con el otro para ir al cine, por ejemplo.  Y así una noche  surgió el morreo con uno y otra tarde los roces con el otro y las cosas, día a día (siempre alternos y nunca coincidentes) fueron yendo a mayores. Al final, no tenía pareja, no, pero tenía dos amantes en toda regla.

Para mantener la situación hasta aclararme las ideas (que es que yo estaba convencida de que el día menos pensado las ideas se me iban a aclarar… ¡pero qué ingenua era!) procuraba que ninguno de los dos pensara que teníamos una relación que fuera más allá que esa de “amigos con derecho a roce”. También pensaba, guiada por una extraña lógica, que si aligeraba las relaciones de compromiso sería como menos grave lo que estaba haciendo… Lo de andar con los dos sería más anecdótico y menos trascendente. ¡Y lo peor del caso es que me lo creía!

Fueron meses difíciles en los que no disfruté plenamente de la compañía de ninguno de los dos y en los que absurdamente, tenía miedo a que uno se enterase de la existencia del otro y me dejara… o todavía peor… que me dejarán los dos. Sí, sí… os aseguro que tenía miedo a perderlos. Pero por otra parte creo que a veces deseaba ser descubierta y que alguno de ellos o los dos tomara algún tipo de decisión por mí. Y quizás por eso, inconscientemente, empecé a tener pequeños descuidos delatores como no borrar los mensajes del móvil o como ir a dar una vuelta con uno por sitios que sabía que frecuentaba el otro… Pero nada, que no había manera, que no, que ni aún así se descubrió el pastel…No se enteraban de nada… O eso creía yo… La cosa se me hacía ya un poco surrealista… no sé como explicarlo… era como tirarse veintidós veces  de la ventana del piso veintidós y salir siempre ilesa. No sé si me entendéis.

Total que un día me armé de valor y le hice a uno de ellos la pregunta que hacía tiempo quería hacerle, eso sí, de la forma más hipotética que me fue posible…le dije… Oye, si un día tuvieras pareja y te enteraras de que además de salir contigo está saliendo con otro ¿qué harías?… Yo pensé que la respuesta sería… pues mandarla a la mierda, pasar de ella…no sé… algo por el estilo…. Sin embargo,  él, se quedó pensando un rato, me miró sonriendo y muy tranquilo me dijo…”Bueno, no lo sé, pero creo que dependería de lo que me importara ella. Si de verdad la quisiera… lucharía.”

Desarmada por la respuesta de uno me fui donde el otro y le pregunté lo mismo. Me contestó…. “Pues no lo sé, pero si de verdad la quisiera, creo que resistiría”.

La verdad es que el tema no acabó muy bien…. Sin entrar en detalles os diré que durante un tiempo ellos siguieron luchando y resistiendo y yo, sin darme cuenta, terminé primero partida y luego sola.

 Clara

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Cuando era single ¡qué alegría! jugaba a la guerra noche y día

10 11 2008

 A los veintimuypocos me encapriché en un flaco carismático y feo. Porque dicho con todas las letras,  un encantador serpientes a lo Nicolas Cages o a lo John Malkovich al final es un tipo feo. Este ego-único en concreto, era deliciosamente estrafalario y se le estaba haciendo hombre entre las piernas a media Habana farandulera.

Yo por entonces  creía con fervor en el interruptor de sentimientos de la caricatura de chica independiente. Merecía todo el placer del mundo y me podía permitir a cualquier feo interesante de la ciudad. A fuerza de frecuentar los mismos conciertos y un amigo en común sacado de la manga, conseguí que el flaco notara mi presencia. Durante un tiempo nos rebuscamos con las miradas, más tarde en las conversaciones y en cuanto las intenciones fueron claras me presenté en su apartamento. Él me condujo caballerosamente a la habitación donde todo terminó antes de empezar.

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La seguridad y el miedo al rechazo

7 11 2008

Una noche cualquiera en una discoteca cualquiera nos encontramos con una escena típica. Nadie sabe si fue él o ella quien inició el juego de miradas, pero los minutos avanzan, las horas avanzan, y aquello… no avanza. Miradas y más miradas se cruzan mientras un miedo aterrador te tiene clavado al suelo incapaz de mover un músculo para acercarte a romper el hielo. Lo único roto es tu autoestima y seguridad.

Y es que, como señalaba Montse (Aquí ya no se liga…), cada vez somos menos capaces de comunicarnos. Internet nos ha enseñado a hablar con calma, a repasar cada una de nuestras palabras antes de enviar un mensaje de chat o un mail. Si la cosa no funciona, se cierra la conversación, se busca otra victima, y se empieza de nuevo. Nadie te ve, no tienes que dar explicaciones a nadie y tu autoestima no sufre en absoluto.

En un cara a cara ocurre justamente todo lo contrario. El temor a ser rechazado nos oprime el pecho. El miedo a hacer el ridículo delante de nuestros amigos o de sus amigos nos invade y no nos deja actuar. Preferimos quedarnos medio escondidos en nuestro rincón, donde el único peligro es que algún imbécil te tire el cubata por encima.

Hay una frase histórica que probablemente date de los tiempos de Jesús, cuando un colega le dijo para que se animara a acercarse a la María Magdalena:

- ¡El no ya lo tienes!

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