La pareja monógama estable y duradera que ha articulado nuestra sociedad occidental durante siglos está en crisis, debido a diversos factores (leer “Erase una vez, una pareja monógama…”). Las bodas se siguen celebrando, aunque lo de “hasta que la muerte os separe” no es más que una triste metáfora de lo efímero (ver tasas de divorcio). Hoy día resulta raro encontrar a alguien que siga con la pareja “de toda la vida”.
En un escenario social convulso, en el que triunfan las parejas monógamas con fecha de caducidad (y otras novedades, como “yo en mi casa y tú, en la tuya”, “amistad con derecho a roce”, etc.) surge la inevitable pregunta ¿es la monogamia la condición natural del ser humano?
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