Un ramo de flores, una nota

31 05 2012

Son las flores
como los rostros,
embalsamados
de las bonitas
princesas que no
conocen el tiempo

Princesas muertas
que tal vez,
fueran seductoras
y que ahora yacen
cansadas
como las flores
que se yerguen
(y también se marchitan)
sobre sus tallos
rotos
esperando
más allá de su propia muerte
conocer el sentido
de las palabras
que la nota contiene





No es una despedida

6 04 2009

Saludos, a todas y a todos los que integramos Proyecto Soltero XXI. Un proyecto que en su día nació con el propósito de mostrar esa realidad cambiante en las relaciones afectivas en la sociedad del nuevo siglo. Mostrar las dificultades, las contradicciones existentes a través de las vivencias de todos nosotros, huyendo de generalidades y teorías sociológicas. Y creo que, durante estos seis meses de existencia del ´blog´Proyecto Soltero XXI hemos logrado entre todos que ese objetivo se haya cumplido.

El proyecto tiene una vertiente literaria que toca acometer, lo cual unido al resto de obligaciones que tengo, me impiden poder atenderlo como se merece, de ahí la poca actividad que se muestra en los últimos tiempos.

No es una despedida, creo que es bueno que quede abierto para poder leer los diferentes y variados ´post´que siguen siendo totalmente actuales. Y en la medida de los posible, se mantendrá vivo con colaboraciones, aunque estén mas espaciadas en el tiempo.

Por último, deciros que ha sido una experiencia muy interesante, en ocasiones divertida y que he aprendido mucho leyendoos. Gracias de corazón.

Cécile Lemonnier.





Afortunada por no sentirme presa

30 03 2009

“Libertad es una palabra enorme” decía Benedetti mediante la inocente Beatriz en Primavera con una esquina rota. Y cuánta razón tiene el entrañable poeta, o la inocente niña. Porque Libertad es una de las grandes palabras, es uno de los grandes temas que han inspirado a artistas y filósofos de todas las épocas.

Ni soy artista ni filósofa, de modo que ni escribiré un poema dedicado a dicha palabra, ni escribiré una reflexión exhaustiva sobre su significado. Lo único que puedo decir con la contundencia de estar absolutamente convencida de ello es que no hay mayor felicidad que sentirse libre. Y eso no depende tanto de circunstancias externas como de un estado interno. Y por supuesto, no tiene que ver con estar soltero o estar en pareja. Precisamente, si retrocedo en el tiempo y recuerdo la dicha del amor, una de las cosas que a mí me provocaba esa dicha era la sensación de libertad que me proporcionaba desnudar mi alma y quitarme todas las mascaras y corazas ante la persona amada. Si salía con mi chico era porque me apetecía, no porque tenía que hacerlo. Si algún dia dejaba de hacer algo que me apetecía porque de algún modo me necesitaba, no lo hacía porque era mi deber, lo hacía porque quería hacerlo. Si no me acostaba con otros hombres no era porque eso no se hace, no lo hacía porque no quería tener sexo con nadie más. El día que empezamos a sentirnos presos el uno del otro, fue simplemente el principio del fin.

Quien relaciona la soltería con la sensación de libertad, sinceramente creo que no tiene ni puta idea ni de lo que es sentir amor, ni de lo que es sentir una verdadera sensación de libertad. Me he sentido muchas veces presa estando soltera. Hoy me siento afortunada por no sentirme presa. Si algún dia tengo una pareja, quiero seguir conservando esta sensación y quiero que él también la tenga. No quiero otra cosa que no sea eso.

Un saludo. Caótica.

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Libertad, libertad…

19 03 2009

Hablando sobre la libertad, me suele ocurrir que, cuando limitamos su significado al hecho de estar o no estar emparejados, siempre acabo bastante desorientado. Bueno, más bien cabreado.

 ¿Significa eso que una persona soltera es libre? ¿Y que una persona emparejada no puede ejercitar la suya propia? ¿Acaso el resto de las facetas que componen la vida de cualquier persona normal no intervienen sobre la libertad individual?

La educación, el control social, las corrientes de opinión estandarizantes, los prejuicios y esta manera moderna de vivir dando la espalda a nuestra propia existencia (estrés, lo llaman) cercenan nuestra libertad mucho antes de que nos demos cuenta de que realmente ya la hemos perdido.

Lo único que nos queda es ese anhelado ocio (de consumo) de fin de semana en el que si estamos emparejados, resulta que lo tenemos que compartir con alguien que algún día creímos que nos importaba pero que ahora estorba esa aparente libertad para salir y consumir nuevas relaciones efímeras que sirven mantengan a flote nuestra desequilibrada autoestima, y todo eso antes de que llegue el lunes y apaguemos de nuevo la luz, y nos dejemos nuestro abotargado cerebro en la nevera hasta el próximo viernes, o víspera de festivo, o de vacaciones, que más da.

En realidad, en esta efímera puta vida de contrastes, de alegrías y tristezas… de amores y de odios,… todos deberíamos ser capaces sacudirnos, aunque sea parcialmente,  de tanta tontería, y poder ser capaces de adaptar nuestras circunstancias en favor de lo esencial.

Y, a partir de ahí que cada uno decida,… estar en pareja o soltero, pero que por lo menos al hablar de libertad, ese concepto tenga algún gramo de credibilidad.

Saludos sinceros, Juanje.

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Soltería y libertad

15 03 2009

soloLa soltería no es sinónimo de libertad, pero la sensación de libertad que proporciona la soltería no tiene precio.

Sin embargo, nos pasamos media vida intentando canjear esa libertad por tener alguien a nuestro lado.

¿Se puede tener pareja y sentirse libre? o bien, ¿cuando estamos emparejados sentimos que hemos perdido la libertad?

Un saludo. Amaya.

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¿Obsesión?

6 03 2009

Hablando de obsesiones, lo cierto es que las cosas a veces se complican. Conocí a alguien con quien todo parecía ir bien. Nuestro mayor problema era la distancia. El en Roma y yo aquí, en una ciudad del norte. A pesar de eso nos las arreglamos bien al principio. Gracias a los vuelos low cost, que son el puente de unión en estas historias los fines de semana. Así nos veíamos bastante. Una veces iba yo y otras venía él… todo tan intenso, a veces tan angustioso y también tan romántico.

Sí… me estoy poniendo tonta, pero lo cierto es que era así.
Y digo era porque, recientemente, todo cambió. Cambió para mí. De repente. No sabría explicar el porqué. Puede que me aburriera, puede que en un momento determinado viera claro que no había futuro o quizás fuera simplemente que hay relaciones de vida corta y punto. El caso es que el otro día le escribí un email interminable dándole toda clase de razones e intentado explicarle que ya no sentía lo mismo por él, y que por lo tanto lo mejor era no volver a  Escribirlo fue doloroso, recordando los buenos momentos, y los malos, ¿Estaría equivocada? pero una vez hecho y darle a “send”,  un gran alivio.

Toda la tarde delante del ordenador, esperando una respuesta que no llegaba. Su “mail” al día siguiente en la bandeja de entrada. Pero cuando lo leí, me quedé un tanto desconcertada. Que es que va él y me escribe como si no hubiera leído mi adiós, como si nunca lo hubiera recibido (lo comprobé una vez más, y efectivamente sí lo envié), y para rematarlo me dice que se viene el fin de semana, con la hora de llegada y todo, para que me acerque al aeropuerto con el coche a buscarle.

Todos estos días intentado llamarle por teléfono. Sin respuesta. Le he enviado unos dos mil “mails” de despedida más, que ya no los he escrito con dolor. Más bien con fastidio e incredulidad. ¡Le pido que no venga y no me hace ni caso! No sé cuantos mensajes míos tendrá en el contestador, joder, si es que me siento como si lo estuviera acosando con mis intentos de ruptura. Incluso le he enviado un telegrama “No quiero verte más. Esto se ha acabado”. Pero nada. La única respuesta es el silencio y el día de su llegada se va acercando. Su llegada. Y pensar que hace apenas tres semana contaba las horas para verle y ahora, de tan agobiada,  pagaría para que el tiempo se parara.

No voy a ir a buscarle al aeropuerto. Eso lo tengo claro. Pero es que sabe dónde vivo, y con el vuelo barato y un taxi, en poco más de tres horas lo veo plantándose en mi casa. Esa idea me espanta.
¿Alguien puede decirme que es lo que he hecho mal o, en su defecto, indicarme una forma efectiva para cortar con alguien que se niega a escuchar lo que no entra en sus planes? Empiezo a tener miedo…

Clara.

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Amor enfermo

1 03 2009

quirofanoSon las ocho de la mañana. Rostros serios en la sala de “Admisión” del hospital. Espero mi turno. Estoy en ayunas. Mi estómago amenaza tormenta. Hoy me rajan. Y por si fuera poco, Angélica, está de turno. Miro para todos los lados. “Tranquilo, esto es enorme y de momento no hay rastro de ella”. Para relajarme trato de pensar en otra cosa. Por favor, no. En la anestesia general no. Alerta, el vacío me sube hasta la garganta. Y entonces alguien dice mi nombre. “¿Familiares cercanos?”. Está claro, no se trata de nada demasiado grave, pero algo puede salir muy mal.

Persigo al celador a lo largo de interminables pasillos verdes. Es que todos los hospitales, igual. Con ese olor tan característico a enfermedad. Respiro hondo. Para enfermedad,  la que tengo yo. Camino con paso vacilante, atento a todos los recovecos y puertas abiertas, temeroso de toparme con un recogido de larga cabellera morena y rizada. Sobresaltándome ante cualquier aséptica bata verde de quirófano agitada con resuelto contoneo. Una bata verde que podría ser Angélica, mujer fatal de personalidad arrolladora y algo torcida.

Tras vomitar en la habitación, me pongo ese ridículo babero largo que se algunos se empeñan en llamar pijama y me tumbo a esperar. Bueno, en unas horas todo habrá acabado. Además, ya es casi imposible que me encuentre con ella. Con Angélica. Joder, Angélica, quien te puso el nombre aún ríe en la puerta del averno. Ante tu recuerdo, me ahogo de miedo. No puedo olvidar tu mirada de morena maldad. Puro instinto salvaje y asesino, que doblega mi voluntad.

Cierro los ojos. Ya en nuestra primera vez, fuiste directa al grano. Comenzaste suavemente, a masturbarme, con uno de tus enormes anillos puesto del revés. Yo protesté, algo sorprendido. Pero me mandaste callar. A medida que tu mano me apretaba el ritmo, los suspiros se tornaron en gritos de dolor. Superado el umbral del daño, el tormento se prolongo hasta que oleadas de un placer angustioso y espasmódico ahogaron cualquier atisbo de propia autoestima. Al acabar, doblado sobre mi miembro ensangrentado te interrogué con la mirada. “Esto cariño, para que nunca olvides quién soy yo”.

Ha llegado la hora. El celador guía mi cama hasta el quirófano. El corazón me late con fuerza. Trato de pensar en cosas agradables. Las puertas metálicas se abren. El aséptico personal de color verde está esperando. Soy muy frágil. Me colocan sobre la mesa de operaciones. Estoy desnudo. La mesa de metal está muy fría. Comienzo a temblar. Me enchufan una vía. Alguien me dice “te estamos sedando”. Alguien que me sonríe y se reclina sobre mi “¡Alexander!”. Intento fijar la mirada. “¡Tú por aquí!”. A la puerta del averno, los temblores ahora son escalofríos. Un recuerdo doloroso me encoge el pene. Y entonces quedo sumido en el más profundo e inquietante de los sueños.

MALEX

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